Redacción. Naomi Villalobos

Muchas personas dejan su país de origen en busca de una mejor vida y para dejar el pasado atrás y reinventarse, ese es el caso de Arturo Aguilar, un orgulloso oaxaqueño que ha logrado posicionar el pan mexicano y centroamericano en la gastronomía estadounidense.

Arturo llegó en marzo de 1990 a Estados Unidos, específicamente al condado de Los Ángeles, los motivos por los cuales migró fueron el convertirse en una mejor versión de él mismo, “yo no vine con la idea de tener un negocio, sino que venía huyendo de mis vicios, debía alejarme de Oaxaca, dejar mis amistades y todo lo que me estaba arrastrando”.

Un tío lo recibe en su casa y el comienza con la difícil tarea de buscar trabajo en un país muy diferente al suyo, él había cursado unos semestres de licenciatura como químico biólogo en México, pero se dio cuenta que no iba a encontrar un trabajo como eso, así que decidió utilizar el oficio familiar, la panadería.

“Comencé a buscar trabajo de panadero, yo soy la tercera generación en mi familia con el oficio, así que todos los días entregaba aplicaciones en diferentes lugares, pero no me llamaban y recuerdo que en ese marzo hacía mucho calor así que me dije, “voy aprovechar que ando todo el día en la calle, y voy a vender paletas”, y de esa forma, buscar un mejor ingreso y generar uno”.

Sin embargo, a la semana de iniciar con la venta de paletas, recibe la llamada que había estado esperando e ingresa como panadero en una panadería centroamericana, “inicié trabajando por la noche de 7 p. m. a 5 a. m. y aprendí a hacer pan centroamericano, es por eso que siempre me quedaba más del tiempo, aunque no me pagaran, pero recibía conocimiento y eso tuvo mucho valor porque invertí mi tiempo aprendiendo”.

Estuvo un año y medio en ese trabajo, pero por ciertos problemas decide buscar otro, “y ya contaba con la ventaja que podía hacer pan centroamericano y mexicano, así que inicié en otra panadería donde entraba a las 5 a. m. y salía a las 2 p. m.”

Pero gracias al excelente trabajo que había realizado en su primer lugar de trabajo, lo buscan nuevamente para un part time y el acepta, “ese periodo fue un poco complicado porque, salía a las 2 p. m. de un trabajo tomaba el bus para llegar al otro y ya eran las 4 p. m.; después salía hasta las 10 p. m. y llegaba a mi casa como a las 11 p. m. y así estuve un tiempo”.

Pero, al final el cansancio lo obliga a dejar su trabajo en la panadería centroamericana, sin embargo, eso no supuso tiempo libre, ya que, al tener ese espacio disponible por las tardes, empieza a vender pan francés “salía de trabajar y compraba pan en la misma panadería y ya me iba con mi caja de pan a venderlo”.

Para 1993, el tío con el que vivía lo invitó a trabajar con él en su negocio de frutas y verduras, “decidí dejar el otro trabajo donde ya era manager y comenzar con la aventura de mi tío de vender frutas en la calle con una troca verdulera y empecé a vender, como al año mi tío me da uno de sus carros ya viejitos que tenía y dije pues me aviento porque comienzo con mi propio negocio”.

Arturo logró que su nuevo negocio creciera que hasta llegó a tener tres carros vendiendo frutas y verduras y personal trabajando con él, pero ante una situación inesperada se vio en la necesidad de comenzar a hacer pan en el garaje de su casa.

“Todo empezó porque dicen que no hay mal que por bien no venga, cuando yo inicié a vender pan en el garaje de mi casa, fue porque una de mis trocas tuvo un accidente, estaba la troca parada y un niño pequeño de 3, 4 años, salió de su apartamento corriendo y se golpeó con la llanta y su mamá salió molesta, se llamó al paramédico y nos pusieron una demanda, fuimos a visitar al niño y le digo a mi esposa, te imaginas una demanda no se de cuánto va a ser, y mi esposa me dijo ¿por qué mejor no vendemos las trocas y nos vamos para México?”.

Pero Arturo sabía que no había llegado hasta donde estaba en EUA para regresarse a México huyendo, “yo le dije que salí de Oaxaca para regresar como un triunfador, no como un derrotado, así que le dije que íbamos a comenzar a vender donas en la casa y todo ese dinero que vaya saliendo aparte del de las trocas lo vamos a ir guardando por si viene una demanda nos arreglamos”.

De esa forma inician vendiendo donas en el garaje de su casa, ahorrando para una posible demanda, pero un día se presenta la mamá del niño y les dice que no va a demandarlos, porque su hijo estaba bien y eso era todo lo que quería, decisión con la cual Arturo y su familia, estuvieron agradecidos.

Pero, Arturo como todo panadero nato, no dejó de hacer pan luego de recibir la noticia pero si hubo algo que los detuvo momentáneamente “llegó la ciudad porque nos pusieron el dedo como se dice y vinieron los inspectores a cerrarme el garaje de mi casa porque era ilegal hacer pan ahí, entonces decidimos irnos a Oaxaca de vacaciones como dos meses y regresamos y como todo buen hispano a necear otra vez e iniciar en el garaje y empezamos con la idea de un día buscar algo”.

Al regreso de sus vacaciones Arturo estaba seguro que necesitaba un local propio y donde pudiera realizar su tan preciado arte de hornear, “un día que pasamos por la Venice, vimos que estaba cerrado el local donde antes era una panadería, buscamos el teléfono del dueño y me la vendió y así fue como iniciamos con este negocio de la panadería, pero no es algo que planeamos, pero se dio en el momento y con el pan que siempre ha sido lo mío”.

De esta forma a finales de noviembre de 2000 inicia con el Valle Oaxaqueño en la esquina de la Venice y la Vermont, donde actualmente ya cuenta con casi todo el Shopping Center.

En un inicio no se desligo de sus negocios de frutas y verduras, pero se dio cuenta que mantener ambos era una carga demasiada pesada “mi esposa y yo nos levantamos temprano para ir a comprar la fruta y verdura, después regresar a la panadería y hacer el pan, dormirnos tarde”.

Ante esa situación, Arturo toma la decisión de darles los carritos de verduras a su hermanos, quienes había llegado a trabajar junto con él años antes, mientras que el tercer carrito lo vendió, “les di los carritos a ellos como una forma de ayuda para que lograran iniciar algo propio”.

Luego de eso solo se ha dedicado completamente al pan, “junto a mi esposa, trabajábamos desde las 5 a. m. y regresábamos a la casa a las 11 p. m. 12 de la noche y así fue nuestra etapa de inicio con el Valle Oaxaqueño en la Venice y Vermont”, recuerda.

Una de las ventajas con la que contó cuando inició su negocio fue que ya tenían clientes de cuando vendía el pan en su casa, “solo éramos mi esposa y yo al principio, pero fue necesario buscar a otras personas y nos trajimos a trabajar a la muchacha que trabajaba con nosotros en la casa, a uno de los muchachos que trabajaba conmigo en las trocas, también me lo traje y fue así como empezó la ayuda, después se involucró mi cuñada”.

Para finales de diciembre ya contaban con tres personas trabajando en la panadería, y para el día de reyes, el seis de enero, a los dos meses que habían abierto ya tenían una fila de personas, esperando la rosca de reyes.

En el 2004, abren una segunda sucursal en Pico, que por el momento se encuentra cerrada, luego en el 2009, abrió otra panadería en la Jefferson, donde cuentan con panadería, carnicería, restaurante y Market.

Por el momento, el empresario mexicano solo se ha quedado con esas tres sucursales, ya que ha fijado sus esfuerzo en expandir la que tienen en Venice y Vermont, ”tuve que expandirme porque el local que teníamos era muy pequeño y tenía la necesidad de expandirme porque las necesidades de ventas eran grandes, pero a raíz que he agarrado otros locales aquí en el Shopping Center, me he enfocado en seguir creciendo aquí”, explica.

Arturo reconoce que uno de los retos más grandes para conseguir todo lo que ha hecho fue el estar en un país nuevo, “pero no hay pretextos este país me dio la oportunidad de crecer entonces yo le quiero demostrar a muchas personas que uno puede crecer en cualquier lugar siempre y cuando uno tenga una actitud positiva y se discipline”.

Además, reconoció que el idioma no es una barrera, ya que a la fecha él aun “no habla el inglés solo lo mastica, le entiendo pero no lo habló, a estas alturas digo podría haber ido a la escuela, pero nunca me intereso porque yo dije “voy a estar aquí un tiempo y me regreso, no me intereso porque cuando yo comencé a trabajar “no lo necesite”, porque me desarrollé en un ambiente hispano, quizás si hubiera llegado a trabajar a un restaurante, por los trabajos lo hubiera necesitado, pero como le digo no manejo el inglés como todo mundo, lo entiendo y lo hablo cuando es muy necesario pero no tengo el inglés fluido”.

Por lo que asegura con su ejemplo que “aquí no es una barrera el idioma, no es una barrera el estatus, es simplemente las ganas de salir adelante, si no podemos crecer es porque nosotros no queremos, entramos en una zona de confort y siempre le echamos la culpa al gobierno, el gobierno nunca va a dar, nosotros somos los que tenemos que poner el esfuerzo para poder salir adelante uno mismo, entonces no busquemos culpables, de porque mi esposa no me ayudó, mi esposo, ni mi hijos, uno tiene que tener la iniciativa y soñar en grande para realizarlo, yo tengo una frase que ocupé hace años en una revista la cual se llamaba “Contacto Hispano” y siempre ponía como frase en el editorial “No permitas que nadie robe tus sueños porque los sueños con acción son realidades, los sueños sin acción son ilusiones, lucha y triunfaras en la vida”.

Ahora, sus proyecciones son afianzar más el negocio porque como reitera su fortaleza ha sido el pan, además, se encuentra trabajando en un proyecto para ser una compañía distribuidora a nivel estatal y luego expandirse a otros estados, “ahorita ya tenemos gente de otros estados que nos viene a comprar, pero quiero convertirnos en una distribuidora tanto local como a nivel nacional en EUA”.

Para finalizar, envió un consejo para cualquiera que inicie un negocio, “debe tener el compromiso consigo mismo, no buscar culpables, hay que disciplinarse, soñar en grande, pero sobre todo hay que saber hacia dónde vamos y preguntarnos ¿qué es lo que quiero? Para poder saber hacía donde voy y recordar que todas las personas que han tenido éxito han pasado por fracasos y los fracasos son experiencias y el éxito no es el dinero, porque muchas personas piensan que tener éxito es tener un montón de dinero, tener éxito es salirse con la suya, cumplir y hacer lo que uno se propone y ya el dinero viene de acuerdo al esfuerzo que uno hace”.

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