El enorme problema de salud que significa en la actualidad el cáncer de la mama se refleja en el hecho de que “en América Latina y el Caribe casi 300 000 mujeres mueren anualmente por esta enfermedad”, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud.

En otras palabras, causa la muerte de 83 mujeres por día, o sea, que cada hora fallecen tres mujeres víctimas del cáncer de la mama.

Sin embargo, diferentes estudios estiman que 9 de cada 10 mujeres superan el cáncer de mama a los cinco años del diagnóstico.

Es importante aclarar que estas estadísticas son promedios y la probabilidad de recuperación de cada persona depende de muchos factores, entre ellos el tamaño del tumor, la cantidad de ganglios linfáticos que presentan cáncer y otras características del tumor que influyen en la rapidez con la que el tumor crecerá y la eficacia del tratamiento. Esto significa que puede ser difícil estimar la probabilidad de supervivencia de cada persona.

Es por eso que la historia de las personas que sobreviven cobra tanta importancia, porque es una lucha que no todas ganan y las que lo logran, merecen tener una voz.

Mayra Alvarado es una madre soltera que a sus 53 años recibe el diagnóstico de cáncer de mama, específicamente del tipo HER2, “escuchar la palabra cáncer fue algo extraño para mí porque en mi familia nunca se había presentado esa enfermedad”, recuerda.

Mayra asegura que su diagnóstico no se debió a un descuido en su salud ya que cada año se realizaba su mamografía y siempre salía bien o eso decían sus doctores, “cuando me dan el diagnostico me dicen que por el tamaño del cáncer probablemente estuviera creciendo desde hace más de un año y me pareció aún más extraño porque tenía menos de 6 meses que fui a mi chequeo al Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) y me habían dicho que todo estaba bien”.

Varios países de América Latina y el Caribe tienen algunas de las tasas más altas de riesgo de muerte por cáncer de mama, lo que destaca las inequidades en salud en la Región y El Salvador, país donde vive Mayra no se escapa a la ineficiencia de los servicios médicos.

Sin embargo, pese esas inequidades Mayra logró luchar contra el cáncer “cuando me dan el diagnostico lo primero que dije fue “Ahora que hacemos” porque yo ya había puesto todo en manos de Dios, para que me sostuviera y me fortaleciera”.

Una vez diagnostica Mayra es transferida al Hospital de Oncología del ISSS para iniciar con su tratamiento, en la primera consulta le dicen que lo mejor es que se someta a una mastectomía radical, procedimiento que consiste en la extirpación de una mama completa.

Con ese procedimiento inicia su batalla contra el cáncer “cada quien enfrenta la enfermedad de diferente forma, desde el primer momento yo dije “voy a luchar por mi vida” y si me tenían que quitar la mama para reducir aún más el riesgo estaba dispuesta porque esa cicatriz es la marca de una luchadora”.

Algo que Mayra resalta en todo este proceso es el gran apoyo de su familia y amigos, una de los factores que sin duda influye “es en esos momentos donde nos damos cuenta de la familia y amigos verdaderos, los que no nos dejan caer y nos ayudan a levantarnos para ser mejores”.

Para esta madre salvadoreña lo más duro no fue oír el diagnostico ni la mastectomía, lo más difícil vino después con las quimioterapias “me colocaron 20 quimios, fue un desgaste duro para todo el cuerpo, afecto todos mis sistemas”.

Tras la primer quimioterapia Mayra comenzó a perder su cabello y asegura que eso le afectó más a su familia que a ella “cuando se me comenzó a caer el cabello decidí quitármelo todo porque el dolor que dan los folículos inflamados es horrible, pero creo que mi familia aún no estaba preparada para verme totalmente calva y me convencieron para que me dejara un poco, pero a los días si tuve que raparme”, recuerda.

Durante las 20 quimioterapias que recibió Mayra recuerde que padeció de náuseas, pérdida de apetito, anemia, infecciones de vías urinarias, trastornos en el sueño, calores incontrolables “es por eso que lo más duro es el tratamiento porque sentir todos esos síntomas a la vez fue de las pruebas más fuertes que he tenido que soportar con la enfermedad”.

Además, otra de las pruebas que tuvo que superar fue precisamente en medio de la actual pandemia de COVID19 “Aquí en El Salvador el gobierno implementó una cuarentena total donde no circuló el transporte colectivo ni los servicios de Uber y eso fue un duro golpe a la hora de movilizarme ya que no cuento con transporte propio”.

Porque a pesar que el transporte se detuvo sus tratamientos no y fueron días de mucha “preocupación e incertidumbre” para ella y su familia.

“Los días que me tocaban quimio era preocuparme cómo iba a llegar al hospital, porque a pesar que el gobierno habilitó un servicio para pedir transporte y llegar al hospital no funcionó, yo llamaba más de 10 veces al día y nunca me contestaron, mi hija siempre tenía que ver con sus amistades quien podía llevarme o yo ver con las mías, porque sumado a que no había transporte, solo se podía salir según número de DUI y fueron unos días muy grises”.

Según Rolf Hoenger, jefe para América Latina de la farmacéutica Roche la pandemia de COVID19 ha provocado una reducción de entre 50 % al 80 % en la atención y detección de otras enfermedades crónicas no transmisibles.

Dato que Mayra puede confirmar desde primera mano “en esos días ir al hospital costaba, y al ser el único Oncológico en El Salvador, solía estar lleno, pero durante la cuarentena casi no se veían personas y las pocas que llegaban se quejaban que habían tenido que pagar más de US$50 para que las llevaran porque venían de zonas rurales y a ellos tampoco el gobierno no los ayudó, cuando iba a hacerme los exámenes de sangre siempre era más allá de la número 100 pero con la pandemia era la 3 o 5 a lo más, esta pandemia acabo ha dejado más fallecidos  que los que se reportan”.

Ahora, Mayra se encuentra en un tratamiento de 18 meses con Trastuzumab, con el cual se aseguran de eliminar todas las células cancerígenas activas, “no estoy libre de cáncer, sigo con esta batalla que ha sido dura pero con la fe puesta en Dios he logrado ir saliendo adelante, también gracias al apoyo de toda mi familia y amigos, tener cáncer no es una sentencia de muerte, es el inicio de una lucha por la vida misma, animo a todas las personas para que estén en control, en un lugar confiable, porque la mejor arma es la prevención”.

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